Roberto

También es cirujano cardiovascular. También es gay.  Se llama Roberto.

NO LEAS ESTA HISTORIA SIN CONOCER ANTES A ANDRÉS

ROBERTO

Roberto es cirujano cardiovascular, trabaja en una prestigiosa clínica privada. Antes lo hacía en el hospital Universitario. Allí conoció a Javier, un joven oncólogo del que se enamoró mientras este realizaba sus practicas como residente y con quien se marchó hace ocho meses para trabajar en la consulta privada de su padre (el del oncólogo) dejando a quien, ahora se da cuenta, fue su verdadero amor: Andrés.

Conoció a Andrés en la facultad y de inmediato se sintió atraído por su físico, su inteligencia y su manera de ser. Frecuentaban círculos sociales y ambientes diferentes y Roberto intuía que Andrés no estaba a su alcance, lo que hacía que lo desease aún más, pero se conformaba con compartir asignaturas y algún que otro café con charla mientras hacía todo lo posible por ocultar sus sentimientos.

Hace poco más de tres años, tras ejercer casi cinco en el extranjero, el destino les juntó de nuevo en el mismo hospital, y tras comprobar que tenían en común más de lo que nunca hubieran imaginado, la órbita de Andrés sobre él convirtió a Roberto en el hombre más feliz del mundo.

Pero el tiempo hizo que la dependencia y las excesivas atenciones de Andrés se fueran convirtiendo, a ojos de Roberto, en debilidad y rutina, y al cabo de dos años y medio Andrés ya no parecía esa persona fuerte, intrépida y segura, y desde luego inalcanzable, que antaño tanto le había fascinado. Entonces empezó a fijarse más en Javier, al que hasta ese momento había tratado con cierto desdén pero cuya insistencia y determinación estaba empezando a valorar.

Fue tremendamente difícil romper con Andrés y para evitase el dolor (a ambos) de seguir viéndose a diario aceptó la oferta de empleo del padre de Javier, cambió su lugar de trabajo e ignoró todos los esfuerzos de Andrés por verse de nuevo.

Volcó todas sus energías en su nuevo proyecto laboral y en la nueva y excitante relación con el dinámico e insaciable Javier para comprobar amargamente, al cabo de unos meses, como la pasión del prometedor oncólogo se iba tornando día a día en amargo desinterés. Desde hace dos semanas sospecha que se ve con otro médico residente a pesar de que, para tratar de retenerle, Roberto le colma de toda clase de atenciones.

Finalmente se ha visto en la misma situación que su ex y ha comprendido que lo que él veía como debilidad en Andrés no era sino la mas desinteresada muestra de amor que podía recibir, por eso, aprovechando que mañana es San Valentín, se va a presentar en el piso de su antiguo compañero de amaneces, la misma vivienda que ambos compartían hace unos meses y por la que no ha vuelto a acercarse. Usará la llave que conserva y que Andres nunca le reclamó. Le dará una sorpresa, le llevará flores y esos pastelitos de crema que a él tanto le gustan, y con la mejor disculpa que se pueda obtener de un arrepentimiento sincero le dirá, seguramente con lagrimas en los ojos, que lo perdone, que lo quiere muchísimo y que si le da otra oportunidad hará cualquier cosa que le pida y además le prometerá, ahora de verdad, que cuidará de su corazón para siempre, al fin y al cabo tiene que recordar que él es cirujano cardiovascular.

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