La Montaña Rusa

La Montaña Rusa, la Gente Cuántica protagonista de nuevo de otro relato corto

 

La Montaña Rusa

La joven pareja de recién casados ha llegado al parque de atracciones por la mañana. Ayer ambos planeaban disfrutar de todas las emociones que prometían los modernos y originales diseños estructurales de las múltiples atracciones pero hoy, él, se ha sentido indispuesto nada mas entrar en las instalaciones. El desayuno quizás dice ella. ¡Qué mala suerte! dice uno, ¡si, qué mala suerte! repite el otro.

Pasean hasta El Destinity, la montaña rusa más famosa y grande del recinto. Ella no se la pierde, montará aunque sea sola. ¡Cuando lo siento! se lamenta él. La joven se coloca en la fila y nada mas hacerlo un tío espectacular se sitúa detrás.

La cola avanza despacio, ella le mira con disimulo y también mira a su marido que la observa algo pálido, con una sonrisa forzada,  desde un puesto de bebidas cercano mientras toma una infusión que le asiente las tripas.

Finalmente acceden a la atracción, los dos en los últimos asientos del último coche de la montaña rusa. El convoy parte despacio y da comienzo el ascenso de la prolongada pendiente inicial .

A ella, el olor de su atractivo e inesperado compañero, la esta volviendo loca. Parece que fue hace un mes cuando dejó a su marido en una cafetería, ¿o era un restaurante?, y desde entonces la envuelva una brisa sugerente, con un aroma irresistible que evoca mundos nuevos, emociones nuevas.

Al acercarse a la parte central de la subida, en la cabeza de ella ahora torbellino de sensaciones, ambos han visitado docenas de lugares y en todos han sido protagonistas de las más atrevidas ilustraciones del Kamasutra.

Al llegar a la cima se da cuenta de que está soñando despierta y descubre que, al fin y al cabo, no son sueños imposibles. No hay nada de fantasía, nada irrealizable en ellos, ninguna ley universal se viola en sus ensoñaciones. Él esta ahí mismo, junto a ella, ¡ahora!, y no hay absolutamente nada, ¡nada! que no pueda suceder a partir de este instante.

Y entonces la chica piensa que quizá no hayan sido sueños sino recuerdos de su futuro. Ella es una mujer independiente, atractiva, joven e inteligente y además sin compromiso, ¿cual es el problema?

El descenso se inicia bruscamente y ella le abraza con fuerza, después le besa, le toca y el vértigo se convierte en olvido.

Finalizado el recorrido se detiene la caravana de cochecitos, algunas personas descienden de ellos un poco mareadas, los niños saltan y gritan reclamando emocionados repetir la experiencia. Los dos ocupantes del último asiento del último vehículo salen agarrados como cualquier parejita enamorada, comiéndose a besos cada tres pasos.

A ella la desconcierta, y, francamente, la molesta la insistente mirada de perplejidad de un tipo de rostro vulgar, aunque vagamente familiar, que los ha seguido con la cabeza, sin ningún disimulo, hasta que se han perdido entre la multitud.

 

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