Crack Man

Crack Man. Una nueva visión de una vieja aventura.

 

Crack Man

El barrio era antiguo y cuadriculado, pequeño. Apenas un puñado de estrechos callejones mal iluminados, sucios y vulgares rodeando geométricos bloques de viviendas estilo retro, de los ochenta.

Por entonces mis días eran bastante agitados, frenéticos en realidad. En ellos debía patearme todas las calles haciendo recogidas y entregas. Así me ganaba la vida, con el trapicheo.

Bueno, desde luego no me aburría nunca. Acosado continuamente por los capullos de la banda rival.

Eran unos fantasmas, además de cobardes. ¡Unas alimañas! por eso se coordinaban para atacar a la vez y yo siempre acababa huyendo como un perro. Recuerdo bien como me ponían cuando me pillaban… Cabrones…

Para sobrevivir era imprescindible conocer al dedillo cada calle, cada esquina y a cada enemigo, y también era esencial no perder de vista a ninguno de ellos. Memorizar sus hábitos, sus movimientos, sus rutinas. Y sobre todo había que saber dosificar la mierda si querías llegar vivo al final del día.

Yo tenía cuatro escondites preferidos donde guardaba unas dosis para mí. Si me lo ponían demasiado difícil, si me veía jodido, corria hasta uno de los alijos y me metía un chute. ¡Voila! nos cambiábamos los roles. Durante un tiempo me sentía invulnerable. Y entonces huían ellos. Acojonados. ¡Dios, qué sensación de poder! Yo corría como un demonio! Jajajajaja, los muy cabrones sabían que cuando iba puesto me daba todo igual y si les cogía los reventaba. Que tiempos…

En realidad no nos caíamos tan mal. Era como un juego, nos zurrábamos de lo lindo pero todos volvíamos siempre a por más…

 

(Cualquier similitud con uno de los juegos recreativos más famosos de todos los tiempos es una pura casualidad)

 

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